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Surrealidad · como · escape


Pensamientos paralelos (y para lelas).

Recent Entries · Archive · Friends · User Info

* * *
Bueno, la entrada anterior era una intromisión (en parte) consentida. De todos modos, escribo estas líneas para anunciar que abandono este blog. Puede que en breve decida abrir otro en Blogger o Wordpress. Tal vez menos coñazo que éste, tal vez más personal... A saber.

En fin, ¡hasta otra!
Current mood:
lazy lazy
* * *
Sencillamente te quiero.

Solo puedo decir eso y esperar que estes ami lado.

Te esperare hoy a las 22:00 en nuestro banco y un beso te dare.

Current mood:
content content
* * *
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Hay que ver:
la inmensa colmena
de tiestos y ladrillos
entremetidos,
testimoniando
el asesinato
del gris al verde
que supone
cada día
la gran ciudad.

Siempre deprisa,
la gente camina
pensando en:
"¿Qué voy a hacer de comer?,
¿cómo pagaré el alquiler?,
¿de qué color será la mortaja
el gran día de mi funeral?"

Dije: "gente camina pensando".
Dudo: "gente camina sintiendo".

Tierra presa por asfalto.
Amasijo de hierros
y andamiajes varios.
Antenas y grúas:
abortos de árbol.
Ratas con alas
dan fe
en lo alto
del gris
subido asesino
que supone
cada día
la gran ciudad.
Current mood:
groggy groggy
* * *
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No existe más
que lo que el viento ya no arrastra.

Hasta los sueños cobraron el rumbo
de las viejas cigarras
y, tras ellos,
tú también te esfumaste en la noche como el humo
y respiraste tu sombra.

Otros quedamos.
Con el frío en las espaldas,
colonizados los huesos,
nos apoyamos sin mutación en el absurdo.

Y el horizonte
siguió hilvanando su tristeza sobre nuestras islas,
eternamente aisladas.

Yo quise escurrirme donde no llegan las pinzas de las horas
ni el telar de la angustia,
pero fue inútil.

Estábamos condenados
a arrastrar con los límites,
a tragarnos las lágrimas,
y a continuar la guerra contra el polvo.
Current mood:
restless restless
* * *
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No sé
por qué siento
(pura indecencia)
celos de los poemas
que algunos hombres
escriben
a sus mujeres.

No sé
por qué me cuelgo
de la disculpa
un ahogo de
sonrisa torcida,
un amargo deseo
de destrozar
con mis dientes
esas frases.
(No la ames
tanto,
por favor...).

Y termino
cerrando el poema,
dándole un portazo
a las comas
y escupiendo
en los puntos
(y aparte)
que han seguido
escondiéndome
la envidia.

Ahora vengo
aquí,
a este folio
coagulado de mí
(el mí feo
y oscuro)
para mendigarte
a ti
(el ti blanco de
versos inmaculados)
que me hagas
un poema
de amor...
Current mood:
confused confused
* * *
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Tan duro.
Tan frágil.
Riguroso como un huracán que golpea con fuerza.
Quebradizo como una gota de agua que se estrella contra el suelo.
Dadivoso cuando se regala sin concesiones.
Deslucido cuando desaparece sin causa.
Tan agraviado en estos momentos, que el mínimo roce lo hará saltar en mil pedazos y ya no se podrá recuperar.
Current mood:
guilty guilty
* * *
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Una foto amarillenta
y el corazón aún tan rojo...

Tic, tac.

...

(Vacío).
Current mood:
moody moody
* * *
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Ella esperaba que la primavera llegase y pasase de largo sin arrugar demasiado el lienzo de sus carencias, tirado con desidia sobre el lecho donde yacía sola.
Current mood:
sleepy sleepy
* * *
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Orillas infecundas, incesantes golpes, torbellinos de cavilaciones baten sobre mi cráneo. Persisto en una península de niebla anhelando mi rayo íntimo, como si una sola verdad pudiera salvarme de las madejas que se amontonan en mi instinto.

Las crestas recortan los segundos dejando pasar las primaveras y repitiendo inviernos sin apreciar la eficacia de los accidentes. No hay destino sin periplo ni viaje sin secuelas.
El océano deja su quemadura en todo lo vivido, y en cambio, a veces parece una pompa mayúscula de teorías, nada más, sin otra dimensión para los conceptos.

A través de líquidas esferas se reflejan todos los dilemas, anómalos arquetipos racionales. Siempre observé la gota desde fuera y es dentro donde muestra la clarividencia del ojo.

¿No escuchas el grito cardíaco de tus dudas? El mar tiene todas las respuestas: lo perfecto contenido en un gran glóbulo de agua.
Buscas presentes con hambre de futuro, pero vives más allá del ocaso, donde se pierden las quimeras o donde no se alcanzan. Mañana es hoy ataviado de sueño.
Y hoy el Sol avanza delineando el perímetro de tu monólogo oculto. Vacíate desde dentro de la gota.

Mi mirada acuosa petrifica las esquinas de las olas, que van y vienen, perpetuas, suplicando un pacto con el silencio. El mar avanza y cubre laberintos.

Cuando estés perdido, vuelve siempre al mar.
* * *
Genialísimo texto que, desgaciadamente, no puedo decir que sea mío. Tuve la fortuna de encontrarlo aquí: http://socioapatia.wordpress.com/2008/03/15/una-historia-real-de-pornografia-sentimental/#more-304

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Volvía yo una noche borracho a casa; paseando y solo, que es como más se disfruta. Desde Atocha no me había cruzado más que con tres o cuatro personas, todos sudamericanos con castañas en el cuerpo aún más grandes que la mía. Al pasar por un parque, vi a una mendiga con la cara cubierta de llagas que no me quitaba la vista de encima. "Oh, es la Parca", pensé (soy tan miedoso como pedante cuando bebo), e intenté apartar los ojos.

Pero me encontré con algo aún más aterrador, un hombre que caminaba haciendo eses delante de mí con algo alargado en la mano que las farolas hacían que le saltaran destellos plateados. "Hostia, menuda navaja que lleva ése", e intenté aminorar el paso para que no se percatase de mi presencia. Pero desde mi posición privilegiada me dediqué a observarle, parecía un hombre de unos 40 años, llevaba ropa barata, pero se notaba que se había arreglado. ¿Un yonki enseñando una navaja del tamaño de un cuchillo jamonero andando solo por la calle? Demasiado poco verosímil hasta para mi imaginación. Gracias a sus dificultades para andar en línea recta, conseguí por fin descubrir qué era lo que llevaba en la mano. Una rosa envuelta en papel de celofán.

El cocainómano navajero se convirtió al instante en mi mente en el divorciado que vuelve a la casa de su ex-mujer a pedirle que vuelva con él. Un personaje de una canción de Sabina; un alcohólico enamorado y sin mucho dinero, que mientras pasea por Madrid piensa el discurso que soltará para enternecer al portero automático. ¿Por qué lo dejó con su mujer? ¿La bebida? ¿Le pegaba? ¿Le ponía los cuernos? No hay chinos que vendan rosas en mi barrio, ¿desde dónde vendría? ¿En qué barra había estado llorando y de qué se había arrepentido?

Habían pasado ya un par de minutos y el hombre no había cruzado de acera. ¿Será vecino mío? Por fin se paró delante de un semáforo y conseguí verle la cara. Era un hombre extraordinariamente feo; con esa ropa, ese peinado con raya y la rosa en la mano era la viva imagen de la derrota. No esperó a que se pusiese verde para los peatones. "Vaya, tiene prisa". A estas alturas yo tenía la piel de gallina, y era capaz de seguirle hasta el portal de su ex-mujer y darle un abrazo si no conseguía que le abriese la puerta. Y seguí viéndole andar cada vez más rápido. "No irá a allí, ¿no?". "No, imposible". "No joder, NO, NOOO". Y saludó al gorila de la puerta y entró en el puticlub.

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Current mood:
cranky cranky
* * *
Qué bien me suena siempre el "uy sí". Estos dos monosílabos (ya) inseparables se me quedaron pegados hace tiempo para convertirse en uno de mis "catch phrase" (si significa lo que creo que significa).

Al utilizar esta musical expresión, reflejas claramente tu capacidad para odiar o para despreciar gratuitamente; dos conceptos que, efectivamente y no, son lo mismo.

Añadiendo el "uy sí" a una frase pronunciada por tu interlocutor, lo dejas como un pretencioso de forma inmediata. Ejemplo:

INTERLOCUTOR: "Me he leído Guerra y Paz".

ODIADOR: "Uy sí".

No hace falta que tu interlocutor pretendiera pretender. Este recurso tan gratuito se puede usar en cualquier contexto y en toda conversación. Incluso es más divertido. El "uy sí" no busca evidenciar el discurso ajeno presuntuoso, sino herir sin causa. Ejemplo:

INTERLOCUTOR: "Voy a ducharme".

ODIADOR: "Uy sí".

El ducharse se convierte, de repente, en algo ridiculizado. Incluso puede que la acción que se dispone a realizar el otro sea algo loable en todos los aspectos. Pero aún así, se consigue el mismo resultado. Ejemplo:

INTERLOCUTOR: "Doy refugio a perros lazarillos apaleados".

ODIADOR: "Uy sí".

Para potenciar el efecto, después del "uy sí", puedes añadir un epíteto que defina a tu interlocutor en función de lo último que ha dicho. No hace falta que este epíteto sea un insulto. Harás quedar como una mierda con cualquier palabra si va precedida del "uy sí". Ejemplo:

INTERLOCUTOR: "Me duele la cabeza".

ODIADOR: "Uy sí, el delicado".

Incluso en situaciones que tratan sobre aspectos en absoluto cuestionables o debatibles.

INTERLOCUTOR: "Estoy embarazada".

ODIADOR: "Uy sí, la preñada".

Su poder de desconcierto es tal que consigue que lo que hizo un genocida hijo de puta no sea nada digno de mención si lo comparamos con lo tonto que es el interlocutor. Ejemplo:

INTERLOCUTOR: "Hitler mató a seis millones de judíos".

ODIADOR: "Uy sí, el que sabe contar".

Lo maravilloso: ¿por qué el interlocutor no te partirá la cara? Pues porque no te preguntarán nunca por qué lo dices. Es un reproche tan gratuito y tan de subnormal que la gente pensará que no puedes ser tan tonto. Piensan que debes tener tus motivos. Si no, nadie es tan idiota. "Él sabrá por qué lo dice". Callarán. Otorgarán. Vencerás. Te respetarán.

Luego te retirarás y rezarás para que mañana no sea el día en que te partan la cara. Por tonto. Por listo.
Current mood:
geeky geeky
* * *
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I
Te lo prometo: la madera tendrá el olor antiguo
de las cosas que un día no fueron nuestras.

II
Te lo prometo: el libro se quedará abierto sobre la mesilla,
como si en cualquier momento tu mirada fuese a posarse en la página.

III
Te lo prometo: yo estaré puntualmente en el andén,
aguardándote,
como a aquel milagro que no va a llegar a la hora prevista.

IV
Te lo prometo: te esperaré entre las rosas,
a pesar de sus espinas,
a pesar de tus espinas.

V
Te lo prometo: desafiaré a los hados del silencio
para escuchar las palabras que no dices.
Current mood:
curious curious
* * *
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Cuando abrí el buzón
y no encontré tu carta,
entendí el mensaje.
Current mood:
disappointed disappointed
* * *
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Recuerdos del pasado que vuelven al presente en forma de realidades.
Incomprensión de los hechos o, más bien, de su génesis.

Nos volvemos a dejar arrastrar por nuestros impulsos y por primera vez no los frenamos.
Se equivocó el momento.

¿Involución?
Tremenda satisfacción.
Current mood:
indescribable indescribable
* * *
¿Harto de que la crisis le ancle en su ciudad de residencia? ¿Le gustaría viajar y conocer ese maravilloso y vasto mundo que le rodea? ¡No se preocupe! Dadas las circunsancias actuales, podemos brindarle esa posibilidad sin que se mueva de casa. Haga exactamente lo que le voy a decir, y vivirá una experiencia memorable, que le hará sentirse parte del todo que conforma este, nuestro bello mundo.

Ponga la calefacción a tope. No coma durante unas cuantas horas, cuantas más, mejor. Cierre la puerta de una habitación (con usted dentro). A ser posible, atránquela de tal modo que no tenga posibilidad de salir. Si es una habitación sucia, llena de polvo y suciedad, muchísimo mejor. Pegue unas cuantas patadas a todo, tírelo todo por el suelo para que quede hecho una pena. Cierre los ojos. No, no respire hondo. Respire entrecortadamente, y cuando lleve un rato en taquipnea, escóndase debajo de una cama o algo similar. No vaya a meterse debajo de la cama a toda prisa, mejor hágalo como si tuviera las dos piernas rotas. Arrástrese, paladee la suciedad del suelo. Muérdase la lengua, a ser posible hágase sangre (no mucha, no olvidemos que esto es sólo una simulación) de tal modo que pueda degustar ese fantástico sabor a hierro y amargura que dotará de realismo a su experiencia. Ahora, imagine que los trastos a su lado no son objetos, sino cadáveres. Dese su tiempo para autoconvencerse de ello. Puede resultarle algo crudo, pero es absolutamente necesario para que el resultado sea creíble. La manga de esa camisa vieja es un brazo amputado. Esa caja es un torso. Eso otro, una cabeza. Eso es, muy bien. Ya vamos terminando. A estas alturas, el calor ya debe de ser insoportable. Si no lo es, póngase dos o tres jerseys. Ahora, imagine que esos cadáveres pertenecen a su familia y seres queridos. Imagine que sólo queda vivo usted. Imagine sus rostros. Su risa. Piense en que no encuentra motivo alguno que justifique estar viviendo un horror semejante.
¿Ya está? Bien, ahora el último paso.
Los ruidos de la calle (si es que los alcanza a oír) no son ruidos comunes. Son el ruido de los tanques avanzando. Es el sonido de lo inexorable. Y el resto de su casa, al que no puede acceder, está ocupada por sus captores. Viven allí. Comen allí. Prosperan allí. Y lo más importante, tienen más derecho que usted a estar allí, según la opinión predominante. Van a por usted. Y cada segundo que pasa, están más cerca. Nadie está de su parte. Es más, la culpa de lo que está ocurriendo es suya. Ahora aguante la respiración hasta casi desmayarse, e imagínese que alguien irrumpe en la habitación, insultándole, y que después todo se vuelve negro enmedio de un indescriptible dolor.

...

¿Lo ha hecho todo? ¿Lo ha conseguido? ¡Enhorabuena! Acaba de visitar usted... la franja de Gaza.

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Current mood:
apathetic apathetic
* * *
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Y te podrán decir que en el amor
ha de haber un vencido,
que en el amor
ha de haber un vencedor;
pero, óyeme, yo estuve allí
y sé que no hay
más que supervivientes.
Current mood:
sad sad
* * *
"Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía entonces? Pues para eso: para caminar."

Eduardo Galeano
Current mood:
bored bored
* * *
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Las noches son demasiado oscuras para los insomnes.
Los suicidas no desean ver amanecer.
Los médicos de guardia tienen noches accidentadas.
Los privados de libertad tienen como referencia la Luna.
El amante abandonado intenta sueños compensatorios.
Los sin techo miran el perfil calmo de nuestras casas.
Los enfermos empujan la noche para empujar la vida.

He tenido una noche insomne y me he asomado al balcón para acompañar a otros sin sueño.
Current mood:
worried worried
* * *
TrastornoGrado
ParanoideBAJO
EsquizoideBAJO
EsquizotipicoBAJO
HistrionicoMODERADO
AntisocialALTO
NarcisistaMODERADO
LimiteMUY ALTO
ObsesivoMODERADO
DependienteALTO
EvitadorMODERADO


Test de transtorno de personalidad

Current mood:
cynical cynical
* * *


http://es.xkcd.com/xkcd-es/
Current mood:
indescribable indescribable
* * *
* * *
* * *
* * *
* * *
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Querían reproducir las notas del oleaje que nunca se silencia.
Sólo se trataba de repetir, nada de complicar lo aparentemente sencillo.
Anclados en la roca, buscaban con exactitud la música del mar. Audaces en su actividad creadora.
Sin fórmula, abstractos y trabajadores.
Nunca hubo un silencio que les diera respiro.
Jamás la interrupción momentánea del sonido del mar.

Como náufragos a la deriva a pocas millas de la costa, veían cruzar los ferrys, los pesqueros, los barcos de recreo, los mercantes e incluso los cruceros.

En su obstinación por imitar la esencia, olvidaron amigos y familia. Tenaces, obsesionados, incapaces de reproducir la música con fidelidad, improvisaban sobre el risco, exhaustos pero sin darse por vencidos.

Un 4 de Diciembre quedaron aferrados al escollo ante la rompiente de las olas.
Figuras salinas secadas al aire.
Reliquias petrificadas que el mar no destruye, aún sabiendo que querían apropiarse de su sonido milenario.

Y es que el mar/ la mar siempre ha sentido debilidad por los que persiguen una quimera.
Current mood:
indescribable indescribable
* * *
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Después de varios días preciosos, nublados, apocalípticos, el Sol ha vuelto a las calles. Es un Sol enfermizo. Un Sol que arrastra vientos helados de latitudes nórdicas. El Sol engañoso de los catarros. La luz falsa de la esperanza en futuros mejores. Ellos brillan con ese Sol de invierno. Adviertes matices ocultos. Destellos de inteligencia y crueldad. Leves rastros de inquietud y deseo soterrado. Yo no brillo gran cosa, pero disfruto asistiendo a las variaciones cromáticas de tantas y tantas pieles deseadas.

Después de varios días nublados, sórdidos y tan bellos como angustiosos, el Sol se ha aliado con el viento. Alucinada, observo los remolinos de hojas muertas envolviéndome mientras fumo muy despacio. Merece la pena desconectar por unos minutos y sentirse un todo con la basura volante, con el polvo que irritará los ojos, con las partículas tóxicas que respiraremos intensamente. Es bueno dejarse llevar por los elementos hasta conseguir que la acción se congele. Pocos lo saben, pero tenemos el poder de controlar el paso del tiempo. Tenemos la capacidad de frenarlo, de apearnos de su ritmo enloquecido para disfrutar tranquilos y estáticos desde algún rincón de nuestra experiencia interior.

Después de varios días oscuros y tediosos me asalta la necesidad de subir a la azotea del edificio, extender mis brazos e intentar volar rumbo a un suelo que ya nunca más será duro. Que ya nunca más obstaculizará este ansia de trascendencia. Ahora enciendo otro cigarro y dejo que suceda. Dejo que el vacío me inunde y llene de fuerza para poder emprender la acción. La peligrosa sucesión de acciones que acabaran por convertirme en una santa o en una loca.

Ya os contaré.
Current mood:
dirty dirty
* * *
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Hueles a silencio frío,
a cómplice mirada desviada.
Estás rellenando el vacío
con el alma enajenada.

Hueles a desencanto,
a rutina mal avenida,
que oculta el llanto
que a mí me daba vida.

Hueles y hueles y hueles,
y no hueles nada.
Huyen las fragancias de los claveles,
huyen.

De ti y de tu desidia,
de tu fingida alegría.
Y de tu discreta envidia
hoy hemos tenido noticia.

Hemos tenido y he tenido,
pues tan sólo soy una mujer,
pero tal vez,
de algún modo,
soy todas las mujeres.

Y sé que he perdido,
no como se pierden las batallas,
no mis espirituales agallas
que siempre he mantenido.

He perdido porque sé
a ciencia cierta,
que habría apostado mi ser
a tumba abierta,
por no verme obligada a creer
que esta flor
la das por muerta.

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Current mood:
melancholy melancholy
* * *
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A lo mejor sólo era un tipo raro. Tal vez se le estaba yendo la cabeza. Ambas posibilidades tenían sentido y eran compatibles. También podía ser que tuviera una mente preclara, o que se estuviera subnormalizando. Había visto a gente caer en picado en los últimos tiempos. A gente de talento. Quizá fuera la época del año. Cuando el otoño avanza y se aproximan las prenavidades el ambiente tiende a enrarecerse. Por suerte cada vez hacía más frío. El frío era bueno, no el interior, ya sabes, sino el climático.

El caso es que llevaba un tiempo dándole vueltas a su estado de ánimo. Estaba cabreado. Sí, eso era. Se sentía un poco hasta los cojones de muchas cosas. De la mayoría de las cosas. Aquello no podía ser una rabieta de aquellas de la adolescencia. Joder, hacía muchos años que le había crecido el pelo de la barba. No, ya no era un adolescente. Bueno, quizá fuese la edad, alguna de esas crisis de edad. O un tumor cerebral. Sí, eso también entraba dentro de lo posible. Aunque no. No le dolía el tarro desde hacía meses. No parecía haber desperfectos orgánicos dentro de su cabeza. A veces le daba la sensación de tenerla llena de aire, como acolchada y alelada, pero poco más. Quizá se tratase del entorno. Del incesante bombardeo de mierda al que estábamos sometidos, por mucho que pasásemos de todo.

Por ejemplo, estaba hasta los cojones de que la gente hablara de la crisis económica. Nadie tenía ni puta idea de economía, pero veías a los viejos en el bar hablando de índices de bolsa y deflación, estanflación y pollas en vinagre. Puta panda de tarados. La crisis era algo muy simple: se había jugado con humo y ahora ese humo se había convertido en fuego. La humanidad cometía graves errores de manera cíclica. Ahora nos tocaba vivir uno de esos errores. No había soluciones para el proceso de deterioro económico global que había comenzado en Estados Unidos. Era así de fácil. No había cura. El enfermo acabaría muriendo y los chinos y los indios tomarían el poder. Todo perfecto. Todo ok, aunque fuese de lo más frustrante, todo hay que decirlo.

Para mitigar la sensación de mala hostia constante, pasaba las noches fumando demasiados porros y viendo extrañas películas en versión original. No lo hacía por esnobismo. Tan sólo disfrutaba del cine extraño de países lejanos con el fin de olvidar su cabreo. Eran historias de calidad cinematográfica variable, de excelentes a lamentables, que nunca se estrenarían en este país.

Podía permitirse el lujo de trasnochar porque sus empleos precarios, alternados con largos períodos de paro, solían ser de tarde o tarde-noche. Siempre jornadas intensivas. La jornada partida en ciudades relativamente grandes suponía un atentado contra la dignidad humana. Un asesinato de tiempo. No era de recibo currar de 9 a 2 y de 4 a 7, invirtiendo además una hora para ir y otra para volver. Por no hablar de la pasta que se iba en los asquerosos menús del día en esas estúpidas pausas de dos horas para comer. No era de recibo. Por eso él prefería currar en mierdas de jornada intensiva. Ponía de mala hostia pero salía más rentable en términos de tiempo. No requería estar 12 horas fuera de casa y el tiempo disponible para, por ejemplo, ver extrañas películas orientales en versión original, se incrementaba significativamente. Por otra parte, todos los trabajos eran igual de estúpidos y te obligaban a relacionarte con infinidad de gilipollas, así que daba igual en qué chiringuito de mierda anduviera uno metido. La mala hostia estaba garantizada.

En la esfera internáutica las cosas no iban mucho mejor que en la cruda realidad. Los anormales estaban proliferando y conquistando el mundo. Siempre había sido así, pero dándose un paseo por las chorradas de Youtube y las chorradas de Facebook, y las chorradas de Blogger y las chorradas de la enésima red social de anormales, el panorama era desolador. Digamos que entonces su odio se tornaba odio de alta tecnología, y tenía ensoñaciones mórbidas en las que borraba las tres cuartas partes de los discos duros del planeta. En uno de esos arrebatos de cabreo digital desinstaló el messenger y eliminó y bloqueó para siempre a todos sus contactos. Aquello era absurdo, joder. El que quisiera hablar que usase el correo electrónico, que por lo menos recordaba a las viejas cartas de antaño. También dedicó un par de jornadas a denunciar por spammer, phishing y terrorismo islámico a todo aquel ser que le hubiera enviado un powerpoint en los últimos dos meses.

Tanto odio le hacía pensar que quizá se estuviese convirtiendo en un inadaptado. De hecho, parecía reunir bastantes de los requisitos. No soportaba las celebraciones colectivas, sin importar el motivo de éstas. Le agobiaban por igual las manifestaciones de gente protestando por cualquier parida que las hordas borrachas del fin de semana olvidando sus miserables vidas e intentando follar como posesos. Tampoco podía soportar los estrenos cinematográficos, ni las salas de cine en general. No tenía sentido compartir espacio con cientos de desconocidos oliendo a pedo y eructando palomitas y Coca-cola y riéndose cuando hay que llorar, y viceversa. A la gente parecía gustarle el estar apiñada pasara lo que pasase. Por suerte la magia de las historias bien contadas todavía estaba ahí. Bastaba con conseguir una pantalla proporcional al tamaño de tu salón, apagar las luces y disfrutar de aquello fumando, masturbándote o simplemente entrando en trance.

A lo mejor era un tipo raro. A lo mejor se le estaba yendo la cabeza. Ambas posibilidades tenían sentido y eran compatibles. Lo único que cada vez tenía más claro era que quizá la felicidad urbana consistiera en encerrarse en una habitación con una buena película recién descargada importando tres cojones lo que fuese a ocurrir mañana.
Current mood:
blah blah
* * *
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"Los hombres me han llamado loco; pero aún no está determinada la cuestión de si la locura es o no la más excelsa inteligencia, si mucho de lo que es gloria, si todo aquello que es profundo, no brota de la enfermedad del pensamiento, de modos de pensar exaltados respecto del intelecto general. Aquellos que sueñan de día son conocedores de muchas cosas que se les escapan a los que únicamente sueñan de noche."

Edgar Allan Poe
Current mood:
bored bored
* * *
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Ya no soy amable. Ya no te doy respiro.

Aprendí a decir no, un poco tarde, y ahora me tachas de cruel.

Cruel es, por definición, todo aquél que no siente compasión ante el sufrimiento ajeno; pero de algún modo también se es cruel por respuesta emocional de indiferencia.

Ahora bien, si estuvieses atento, sabrías que un exceso de crueldad siempre suena a fachada.
Current mood:
contemplative contemplative
* * *
"Mientras los demócratas me repugnan con lo que llamo su 'política de boutique', los republicanos son una monstruosidad psicótica. Son Dios, bandera y familia - aunque pocos de ellos reconocerían a Jesucristo si estuviese haciendo pis en el retrete de al lado."

Norman Mailer
Current mood:
frustrated frustrated
* * *
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Hoy es mañana y la piel continúa hirviendo. El recuerdo apacigua la urgencia, pero no el deseo. Hoy es mañana y aún no tengo palabras.
Current mood:
confused confused
* * *
Ya sé que explicar algo que me irrite por aquí en un intento tan desesperado como vano por canalizar mi rabia no es nada nuevo, sin embargo... Cómo me jode encontarme a las típicas marujas de barrio. Me entran unas ganas tremendas de cruzar de acera. Pero ah, dejaría en mal lugar a mis progenitores directos y demás ancestros; porque aunque yo, en mi infinita ingenuidad, pueda creer que tal vez exista la ligera posibilidad de que les llegase a pasar desapercibida en alguna ocasión, NO, no caerá esa breva. NUNCA.

¿Sería mucho pedir toparme con una de ellas y que no hiciese el resumen del progreso de mi fisiología en los últimos 10 años?

Que si me conocen desde que era así, que si tengo los ojos de mi abuelo, que si tengo las maneras de mi madre, que si tengo el páncreas de mi tío...

Me importa un pimiento a quién me parezco y a quién no, y me da igual si usted es amiguita mi madre. Ella afortunadamente tiene la decencia de no hablar con la mayoría de mis amigos (bueno, por lo menos no demasiado a menudo).

Lo peor de todo es que mi familia por parte de madre ha vivido en este barrio durante generaciones y estos seres piensan (¿piensan?) que ello les da derecho a analizarme en profundidad cada vez que tengo la mala fortuna de cruzarme en su camino.

¡Sí!, ya tengo 21 años, no tengo estudios ni trabajo fijo y aún no he podido emanciparme; y me da igual lo que haya hecho su nieto, hija o sobrino que fuera conmigo a la EGB. Evidentemente no me agobio por ello, como puede usted ver. Si soy guapa o dejo de serlo, ¿de verdad cree que el hecho de que me lo diga una mujer de más de 60 años me va cambiar la autoestima?

¡Señoras, hagan el favor de dejarme en paz! Me paso 5 minutos al día ensayando la mueca más agresiva y de más mala hostia que pueda obtener para que nadie me dirija la palabra. Sólo quiero hacer mis cuatro recados tranquila y volver a meterme en mi cueva, leñe.


P.S.: Si en el fondo sé que no lo hacen con mala intención, pero ya venía calentita del Servef, donde una eficiente funcionaria me ha tenido esperando 50 minutos en plan "como tengo una oposición me puedo permitir rascarme las telarañas de mi menopáusico pubis mientras hago llamadas personales a cargo del contribuyente, y tú tienes que aguantar ahí plantada hasta que a mí me dé la gana decirte que no puedo hacer nada para solucionar tu problema porque, además de vaga y aprovechada, soy una inepta total". En fin, si el camino más corto de un punto a otro es la línea recta, el más largo es sin duda alguna la burocracia.
Current mood:
bitchy bitchy
* * *
Penny or a smile
Current mood:
depressed depressed
* * *
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Tan áspero era el mundo, tan hiriente,
que él lo difuminó para mis ojos.
Tan profundo era el corte que me hacían
las aristas de todo lo real,
que él decidió limarlas.
Tanto daño me hacía el movimiento
de la vida voraz,
que él lo detuvo en un instante.

Un preciado regalo contra el mundo,
contra la realidad, contra la vida,
contra la lucidez
y contra mi tristeza.

(Sin embargo...)

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Current mood:
melancholy melancholy
* * *
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"Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia; me seduce una cara y un cuerpo cuando veo a una mente que los mueve y que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente Hache. Yo hago el amor con las mentes."

Extracto de "Martín (Hache)", Adolfo Aristaráin
Current mood:
pessimistic pessimistic
* * *
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Y es cierto:
Yo la vi embellecer contra mi vida
y no logré nunca volverla menos joven
ni menos bella en mi favor.
El amor embellece
y nadie lo detiene en esos casos.
Yo la vi embellecer,
con mala envidia,
sin pizca de literatura:
La vi afinar el texto marfilino
de su fisonomía,
vi andar la primavera por su piel
en dos semanas - y era enero -;
vi sus senos medianos florecer,
los troncos de sus muslos redondear,
su pelo en sedas de ceñida flama
desplegarse;
vi la vida crecer en torno suyo
como en invernadero de carnes opulentas
y florales,
y vi de cerca, junto a sus mejillas,
que el velo como trigo pequeñísimo
se doraba
al Sol y al viento de otros dedos.
En algo han de tener razón los religiosos:
¿Cómo tanta belleza
en esos montes y cascadas?
¿Quién ama al mundo
cuando logra ser bello?
Current mood:
indescribable indescribable
* * *
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Cuando le gritas al silencio con todas tus fuerzas, el silencio parece aún mayor.

Cuando peleas por algo, cuando tratas de mantener ese algo con garras y dientes, el golpe al perderlo adquiere dimensiones desorbitadas.

¿Y cuando esperas algo? Cuando pones pedazos de tu propio hígado en el asador esperando una respuesta, ¿qué ocurre? Que ante la futilidad, te sientes aún más vacío.

Pero, hagas lo que hagas, el sabor de tu propia sangre pudriéndose siempre será el mismo. Chilles, luches, entregues partes de ti o no. Y cada vez te resultará más y más familiar.
Current mood:
hot hot
* * *
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Invítame a tu sueño,
déjame compartir esa película
donde el tiempo es deforme y el deseo se cumple.
Sueña un poco conmigo y te prometo
ser la mujer perfecta
para ti, mientras vivas con los ojos cerrados.
Te besaré con labios de cereza,
mezclaré sabiamente la pasión con ternura
y cuando llegue el alba me iré sin hacer ruido.
Current mood:
nostalgic nostalgic
* * *
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Las palabras traicionan
al menor movimiento de los labios.
Es mejor guardarlas
en el corazón y en la cabeza,
aunque allí puedan tramar
las tretas más disímiles
que servidora alcanza a imaginar.
Sé que debo permanecer con la boca cerrada
para que no salgan como puñales
hiriendo de muerte a la persona que amo.
¿Cómo ordenar letra por letra
para que de cada palabra
aflore la luz que ésta encierra?
Current mood:
bored bored
* * *
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Dicen que herir a alguien que te quiere es tan fácil que ni siquiera resulta divertido.

Yo digo que NO herir a alguien que te quiere es tan difícil que tal vez lo mejor sería quedarse en casa, cerrar puertas y ventanas, tragarse la llave, raparse el pelo, coserse la boca, sacarse los ojos y dejar de respirar.
Current mood:
melancholy melancholy
* * *
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Me convierte en ardiente escalofrío su roce contra mi piel,
inhalo imperceptibles aromas de amor que emanan de sus besos.

Mi irracional pensamiento enlazado con la consciencia del deseo
observa su ténue mirada en la oscuridad de las caricias, sus brillantes pupilas.

El clímax de las sonrisas de complicidad, complejo acto reflejo.

Estoy enredada en la consciencia del deseo...
Current mood:
blah blah
* * *
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Si me dejaras decirte todo aquello que opino sobre ti, sobre tu forma de ser, sobre tus maneras, sobre tus actos...

Si me dejaras moldearte a mi gusto, pulir tus grietas, alisar tus formas, dejarte brillante...

Si me dejaras manejarte, cual títere descabezado, al antojo de mis hilos; si bailases a mi son...

Si me dejaras...
no serías quien eres
ni yo te hubiese amado.
Current mood:
confused confused
* * *
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Me gustaría saber quién eres, qué persona se esconde tras esa máscara tan irreal que se confunde con un amor tan efímero y transparente, que sólo puedo aspirar e intentar retener en mis pulmones para tenerte cerca de mí...

Me gustaría saber quién puedes llegar a ser, con esos cambios tan abruptos, como un frío y siniestro bosque en el cual me adentro y me pierdo sin encontrar escapatoria, resbalándome en las húmedas hojas...

No sé quién eres, no sé quién fuiste, no sé quién serás...

Aléjame de ti, pero no te vayas tú.
Current mood:
confused confused
* * *
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¿Qué temas crees que son los que venden? ¿Cuál es la literatura en la que nos gastamos el mísero sueldo? Vivimos en una sociedad donde el drama es la filosofía de vida. De un granito de arena formamos montañas cargadas de miedo, odio y violencia. Dependemos de la gratitud de los demás, de la aprobación social, en vez de centrarnos en buscarnos a nosotros mismos. Lo que suena a psicología barata de cualquier manual de autoayuda es una verdad como un templo. Siempre critiqué este tipo de literatura, son falacias maquilladas en inocuos manifiestos; lo veo todo demasiado abstracto como para convertirlo en algo tangible y aplicable a nuestra cotidianidad. Pero no puedo negar lo evidente. Si no hay dolor, no hay existencia. O al menos, en ello nos obcecamos. Si alguien no nos ofende, humilla o nos hace daño, no nos sentimos vivos. Si al menos una vez por semana no sentimos melancolía, tristeza o, quizás, derramamos alguna lagrimilla, no, no somos personas.

Estamos enganchados al drama. Nos encanta sentirnos víctimas del mundo. Y lo peor de todo es que seguro que somos de las personas más afortunadas que vivimos en él. "Siempre hay alguien peor que nosotros", ¡cómo nos molesta que nos intenten consolar así! Consuelo de tontos. ¿Realmente es de tontos? ¡Es que tiene razón! – verdad universal e incuestionable, ¿no?

Y cuando leemos, queremos conocer las miserias del protagonista. ¡Buff!, y como sea una novela autobiográfica, ni te cuento. Que si su pareja le fue infiel, que si lo/la sometió a vejaciones, que si la dejó embarazada, que si se acostó con todos sus amigos/as, que si fue un/a niño/a maltratado/a, si sufre de trastornos de la alimentación y – esto es la cúspide del éxtasis - si se intentó suicidar. Ahí van, adolescentes – que dicen sentirse identificados - ávidos de alabar al ídolo que sobrevivió a la búsqueda de su propia muerte. Y si nos enseña las marcas físicas, elementos empíricos del dramático pasado, se convierte en best-seller. Flashes, fotografías que inmortalizan el suceso. Drama, drama y más drama. Los verdugos. Nos encanta leer biografías de psicópatas, observar sus rostros, el rictus de su cara, el vacío y odio que reflejan sus ojos opacos, y los análisis que hacen los expertos en fisonomía humana. ¿Qué pasaría por su mente? - ¿Por qué me interesa tanto? ¡Si soy incapaz de matar una mosca! -.

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"No entiendo por qué admiras a los libertinos", me pregunta. "No lo sé, supongo que su estilo de vida, tan opuesto al mío, me suscita curiosidad" replico. Frunce el ceño. "Sigo sin comprenderte, yo prefiero aquello que se asemeja a mi pensamiento". Y como un resorte, exclamo: "¡Qué aburrimiento!"

El sexo vende - escribe algo que en el título lleve la palabra "sexo" y sabrás de qué hablo -. Qué gran verdad. Me pregunto si todos/as los/las escritores/as que han empezado por retratar el coito en todas sus variantes, realmente, aspiran a sólo tratar dicho tema. Cuando te das cuenta de que quieres lanzarte al mercado nacional, te atreves a escribir sobre ello. Y te das cuenta de que hay gente que se lo toma muy en serio. Como el cine X. Los hay que afirman que es un arte, y que el cine convencional debería respetarlo como tal. Está claro que un libro sobre sexualidad puede ser catalogado como una obra interesante e, incluso, convertirse en objeto de demanda. En el campo audiovisual, una película porno es un producto consumido por unos cuantos - y por unos tantos otros que no lo confiesan y lo hacen en la más absoluta intimidad -. Supongo que la diferencia radica en que cuando lees, la imaginación entra en juego, y te conviertes en el/la protagonista indiscutible del texto; mientras que en cine, la protagonista es una mujer de largos cabellos rubios, poderosa delantera y unas uñas... - ¡mi madre!, no entiendo cómo no se hacen daño con esa manicura francesa... -. ¡Y los hombres! ¡Esos "enormes" miembros, objetos de adoración por las sumisas féminas! - ¿en qué pensará un chico "normal" cuando se compare con esos "portentos"? -.

Somos unos obsesos en una sociedad que se autoengaña, que vive en un planeta fracasado, abocado a su extinción, con desigualdades sociales tan acusadas que no soy capaz de imaginarme la vida de un ser humano con un dólar, mientras que otros no saben en qué gastarse el dinero. Consumistas, conformistas, seres con vidas patéticas, mediocres, tristes, sin ilusiones. Sumergidos en el drama, enganchados a él. No hay cabida para tantos sueños en este espacio, no hay tiempo, ni ganas de intentarlo. Y así vivimos - o sobrevivimos, según se mire - en una existencia gris, persiguiendo un estilo de vida que sólo existe en las pelis yanquis: "papá oso, mamá osa y niños ositos". Cada mañana me despierto con una sensación de pánico, de miedo... maldito reloj.

Instantes de éxtasis que palian el dolor de la existencia. Sudor, olores, secreciones, orgasmos cósmicos que nos elevan, que nos hacen morir por unos instantes. "Me pasaría la vida haciéndote el amor", me dijeron en una ocasión. Todo se convierte en una burbuja en el tiempo, la fusión de los sexos se me asemeja al parpadeo de la felicidad. Un parpadeo tan intenso, donde un segundo no dura poco, es la eternidad convertida en deseo. Seres obsesivos, dependientes, insípidos, incoloros... En definitiva, creo que nos enganchamos más al sexo que al drama. No me extraña.
Current mood:
sleepy sleepy
* * *
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- No te mereces esos ojos.

Marie había escuchado eso tantas veces de boca de los mayores que empezó a pensar que cualquier día se los arrancarían en un acto vengativo, o por pura envidia, quién sabe.
En efecto, tenía unos ojos tan hermosos y llamativos que no podrían ser de ninguna manera el espejo de su alma, pues Marie no era precisamente un ejemplo de bondad; y al contemplarla de cerca uno no podía sentir más que desasosiego. Su mirada la componían dos bolitas verde esmeralda, brillantes y luminosas, enmarcadas por unas bonitas pestañas negro carbón, pero algo escasas, lo que la obsesionaba sobremanera. Aquellos ojos decían mucho y a la vez no decían nada, porque era mejor ignorar lo que pudieran contar de una niña como Marie.

Cuando nació, en su casa todo era alegría y celebración, como es costumbre cada vez que llega un niño al mundo. Era un bebé rosado y taciturno. Jamás la oyeron llorar, si acaso gimotear o protestar con ruiditos cuando tenía hambre o sueño, pero la mayor parte del tiempo la pasaba sentada en su silleta, mirándolo todo con inquisición con aquellos grandes ojos, sin mediar palabra.
Resultaba una criatura tan inquietante que las visitas tenían reparos a la hora de acercarse a ella, porque parecía que estuviera esperando para atacar, como una especie de gremlin rubio envuelto en talco.
Pareciera que pudiese leerte la mente y revelar tus más sucios secretos. Uno se sentía realmente incómodo al mirar en las profundidades de aquel mar verde, tan inmenso e inabarcable como vacío, pues sus pupilas eran como dos pozos negros a los que daba vértigo asomarse.
Por eso temían acercarse, besarla, apretujarla, pellizcarle los mofletes y acariciarle el cabello, tal y como se suele hacer con los bebés que huelen a potito de manzana y pan recién hecho.
Ni siquiera sus padres le prodigaban demasiados mimos, también ellos se sentían intimidados por aquella extraña niña, pese a ser carne de su carne. Parecía que, al mirarla, vieran reflejadas sus faltas en aquellas pupilas tan dilatadas y sombrías.
Se trataba de un bebé ilegítimo: Rena, la madre de Marie, había tenido una aventura con un compañero de trabajo, harta de la inapetencia sexual y la dificultad para mantener relaciones íntimas de su marido, quien había consentido la aventura de algún modo, evitando enfrentarse de manera directa o indirecta a las continuas infidelidades de su mujer.
Llamadas sospechosas, mensajes de móvil, salidas nocturnas sin contar con él, ropa interior nueva, escapadas de fin de semana... Él prefería continuar en la ignorancia, vivía tranquilo, al fin y al cabo; ella siempre regresaba al hogar, completamente desfogada y saciada de hombre. De este modo no tenía por qué aplacar su sed con él, y él no tendría por qué enfrentarse a sus problemas de impotencia. Ella era feliz, él era feliz, ambos eran felices y, a su manera, se amaban.
Eran un matrimonio muy bien avenido, al menos en la superficie; y cuando Rena quedó embarazada, tuvieron que afrontarlo juntos, estrechar sus lazos afectivos y permanecer unidos en la crianza. Al fin y al cabo, aquello que se gestaba en su vientre era un ser inocente, que nada sabía de adulterios y homosexualidad reprimida.
Tendrían que luchar para salir adelante, alimentar, cuidar y enseñar a su criatura a enfrentarse al mundo, aunque ella pareciera despreciarles y burlarse de sus debilidades, aunque pareciera querer escupirles a través de los ojos todos sus defectos, todos sus vergonzosos secretos de alcoba.
Marie siempre fue una niña muy arisca, poco sociable; acostumbraba a jugar sola y a buscar insectos y animalitos en el amplio jardín de casa. Cazaba lagartijas y les arrancaba los rabos para ver cómo se movían de manera independiente del tronco, arrancaba alas y patitas a moscas y mariquitas, y jugaba del mismo modo con las arañas, para después aplastarlas con piedras y verlas sucumbir ante la muerte. Cuando iba de excursión con el colegio aprovechaba para descubrir nuevas especies, perseguía culebrillas y las golpeaba con los mismos palos con que empalaba a las ranas que encontraba en las acequias. Una niña adorable.
Había descubierto un pasatiempo fascinante con qué pasar las tardes, que consistía en crear un punto de calor sobre el cuerpo de los insectos ayudándose de una lupa, y disfrutaba viéndolos morir achicharrados, plegando las patas sobre su propio cuerpo.
Sus padres querían por todos los medios alejarla de estos siniestros entretenimientos, pensando que algún día podría ser mordida por algún bicho. Pero podían estar tranquilos, su preciosa hija era la sabandija más ponzoñosa de todas.

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Un día comenzaron a invitar a Susana, la hija del matrimonio vecino, con la esperanza de que su hija hiciese alguna amistad, ya que de la escuela sólo les llegaban quejas por mal comportamiento.
Aquello parecía el comienzo de una gran amistad. Susi era manejable y complaciente, y parecía encajar con el carácter dominante de Marie, quién siempre proponía los juegos y marcaba las reglas, mientras que la otra obedecía sumisa. A Susi le aterrorizaban las arañas, y cuando se negaba a aceptar las normas de Marie, ésta la chantajeaba amenazando con meterle alguna por debajo de la ropa o entre las braguitas. Así que Susi estaba alerta, y se aseguraba de ir con ropa apretada y pantalones cada vez que jugaba en casa de su amiga, pero ¿cómo iba a imaginar que tramaría la felonía de meterle una araña en el sándwich? Cuando se percató de que se había comido hasta la mitad y vio colgar las patitas entre el queso, empezó a vomitar hasta casi ahogarse.
Otro día, Marie le puso una araña de tamaño considerable en el pelo, con toda la intención. Susi sufrió un picotazo en la cabeza seguido de grandes dolores y una ampolla hemorrágica espantosa. Sufrió un shock, y además tuvieron que afeitarle casi toda la cabeza para extraer el veneno y desinfectar la herida, con lo que llegaron las burlas.

- ¡Pareces una tiñosa con esa roncha en la cabeza! ¡Jajajajaja!

Pero Susie la perdonaba una y otra vez; al fin y al cabo, era su única amiga, y ella tampoco tenía muchas habilidades sociales. En la escuela se mofaban de ella porque llevaba una aparatosa ortodoncia, y tras el incidente de la calva, la situación fue a peor. Los niños pueden llegar a ser muy crueles con quien no se ajusta a los patrones establecidos, o con quien sufre algún tipo de deformidad o peculiaridad física.

- Son cosas de niñas, no hay que darle más importancia. - Justificaban los padres, aunque en el fondo se sintieran turbados por el comportamiento cada vez más sádico de la hija.

Quizá alguien tendría que haberla reprendido con dureza desde el principio, pero el padre era un hombre apocado, incapaz de imponer la menor autoridad. Y Rena... Rena vivía en permanente estado de ansiedad, la zarandeaba o le soltaba algún cachete de vez en cuando, pero quien acababa llorando siempre era ella misma.

Pasó el tiempo, y del mismo modo que caen las hojas viejas de los árboles para dar paso a otras nuevas, las niñas se fueron convirtiendo en encantadoras mujercitas. A Susie le quitaron el aparato de los dientes y Marie comenzó a usar el eyeliner y a depilarse las cejas para destacar sus enormes ojos.
Era muy atractiva en conjunto, pero se sentía acomplejada por sus pestañas, tan cortas y dispares; en cambio, las de Susie eran largas y rizadas, aunque sus ojos fueran de ese marrón pardo tan vulgar.
De nada servían las capas extras de rimel, se le acababan formando unos antiestéticos pegotes negros y aquel desaguisado le daba un lamentable aspecto de niñata de extrarradio. Y ella tenía clase. Quería tener clase.
Deseaba con todas su fuerzas unas pestañas falsas, negras y tupidas, como las que llevan las chicas de los anuncios de maquillaje, y aunque era demasiado joven para llevar postizos, no cesaría en su empeño de conseguir unas.
Acabó el último año de colegio y llegó el verano, largas y calurosas tardes ociosas, ideales para tramar nuevas fechorías como divertimento, pues ya se había cansado de matar bichos. Eso eran cosas de niñas, y ella se sentía mayor, sobre todo tras haber conseguido su anhelado postizo.
Cuando Marie apareció en casa con aquellas larguísimas pestañas, pintada como una puerta, su padre no daba crédito.

- Pero hija, ¿no crees que todavía eres muy joven para maquillarte de esa manera?

- ¡En septiembre empezaré el instituto, papá!

- Pero Marie...

No pudo terminar la frase, porque la pequeña le dio la espalda y se dirigió con paso firme hacia la casa de los vecinos.
Parecía una pálida y siniestra muñeca de porcelana, de gesto hierático. Aquellos aderezos destacaban el blancuzco color de su piel, y sus pequeños labios pintados de rojo carmesí se asemejaban a una gotita de sangre en mitad de la nieve.

Al llegar al portal encontró a Susi llorando desconsolada, al parecer su madre le había dado un bofetón por no haber recogido su cuarto. La madre de Susi padecía de los nervios, era de las de visita semanal al médico o al psiquiatra, y engullía sin reparo todo tipo de pastillas, psicofarmacología cosmética para moldear el estado de ánimo y embellecer un alma triste. Empezando por el Prozac, y pasando por el Diazepam, el Prisdal, y un largo etcétera, incluyendo las inocuas flores de Bach. Si a todo este batiburrillo químico le sumamos las anfetaminas de las que se componían sus píldoras para adelgazar, el resultado era un explosivo cóctel que ponía más a prueba aún su carácter neurótico.
Discutía con frecuencia con el marido, especialmente durante sus crisis celotípicas, y la hija era la que acababa pagando los platos rotos: a veces era un bofetón, otras veces un escobazo en la espalda, un pellizco de monja... en definitiva, un castigo sin venir a cuento. Al fin y al cabo, Susie hacía tiempo que había dejado de creer en ellos.
A Marie se le ocurrió una broma estupenda en aquel momento, y a la tarde, volvió a casa de Susie a merendar. Con la excusa de ir al baño, cruzó el pasillo y se introdujo en el dormitorio de sus padres. Dejó unas bragas debajo de la cama, para que, cuando las descubriera la madre de Susie, montase en cólera imaginando una posible infidelidad de su marido. Y, como no podía ser de otro modo, a la mañana siguiente se volvió a encontrar a Susie sollozando cabizbaja en el portal. Tenía una brecha en la frente a causa de una mala caída huyendo de la ira materna, y varios moratones en los brazos a causa de sendos pellizcos y golpes.

Marie estaba encantada con el poder que le otorgaban estos tejemanejes, se sorprendía de cómo era capaz de provocar divertidos dramas familiares con tan poco esfuerzo... Así que repitió el mismo modus operandi, pero en casa de otros vecinos y compañeros. Se acercaba con la excusa de pedir algún libro, preferiblemente por las mañanas, cuando el padre, o ambos, estaban en el trabajo, y burlando la atención, se introducía en los dormitorios maritales para dejar huellas de carmín en los calzoncillos y en las camisas, y esparcir bragas usadas en lugares estratégicos. A su vez, robaba pendientes sueltos que luego dejaba en camas ajenas. En ocasiones, las mujeres reconocían los pendientes de vecinas y amigas, y se enzarzaban en la calle en encendidas peleas. Logró enemistar a todo el vecindario con sus intrigas, y disolver algún que otro feliz matrimonio. Esto era mucho más divertido que aplastar escarabajos.
Incluso la madre de Susi llegó a sospechar de la madre de Marie, al hallar un colgante suyo y algunos pelos rubios (que Marie había cogido del baño) junto a la almohada, y hecha un basilisco, no dudó en zanjar su amistad montando una escena de lo más bochornosa ante los ojos atónitos de Rena y su marido, quien, por primera vez, creyó en la inocencia de su esposa. Ellos sabían que aquello era cosa de Marie, pero por nada del mundo la delatarían. Ni siquiera llegaron jamás a hablarlo.

Si le das la espalda al monstruo, deja de existir, desaparece... Pero esto sólo funciona en los sueños. En la vida real, si quieres avanzar, si quieres pasar de pantalla, tienes que enfrentarte al villano y acabar con él, como en los videojuegos.
Pero Marie era un rival muy duro, y además, pensaban, ella no era mala, era sólo una niña... casi una adolescente. Estaba confusa, buscándose a sí misma, necesitaba llamar la atención, eran cosas de la edad...
La pequeña pestañeaba sorprendida cuando llegaban a sus oídos las desavenencias de Fulanito con Menganita, y la inminente separación de Zutanita.
Se creía capaz de mover los hilos de las vidas de los demás a su antojo, como si fuesen marionetas. Tan sólo necesitaba ser sigilosa y rápida, y proyectar el veneno en el momento justo...
Mientras unas se vuelven adictas a las compras, a Internet o a la comida basura, ella se volvió adicta a la rumorología (sin dejar de lado las nuevas tecnologías, que ayudan a propagarlos con mayor facilidad y rapidez), y se dedicó a inventar vergonzosos chismes sobre amigas y conocidas, exagerando y agravando los ya existentes.

- Pues anoche pude ver detrás del garaje, con mis propios ojos, como la cabeza de Sandra se movía entre la bragueta un chico. Y no era su novio.

- ¿Sabéis lo que me han contado? Que Monique tiene una infección vaginal muy contagiosa. No me extraña, con lo poco que se lava y lo facilona que es...

- El padre de Nuria, la gorda de la clase, abusa de ella; lo sé de buena tinta, ¡además, es él mismo quién la ducha y la enjabona! Lo he visto por la ventana.

- Oye, Paul, ni se te ocurra tener una cita con Sarah. ¡Tiene el SIDA! Se lo contagió un chico del pueblo de al lado con el que andaba este verano, uno con pinta de yonki. Pobrecita, con lo mona que es... Igual hasta dentro de unos años no se le nota, ¡pero ya se lo habrá contagiado a todos!

Nadie escapaba de la lengua viperina de Marie... pero la gente no era tonta, y pronto empezó a darse cuenta de sus manipulaciones.

El chico por el que bebía los vientos, Paul, se acercó un día a ella.

- ¿Sabes? Ya no me impresionas. Ni siquiera me gustas. Eres como el trozo de cristal que encuentras en el vertedero a la luz del sol. A veces uno espera encontrar tesoros allí, y se ciega al creer vislumbrar una esmeralda entre la basura, verde y brillante. Piensas que quizá alguien pudo tirar un anillo o una joya por equivocación, y revuelves entre la inmundicia para llegar hasta él. Cuando lo miras de cerca, descubres que es un miserable pedazo de vidrio de alguna botella rota. Es estúpido pensar que puedes encontrar algo valioso en un vertedero. Algo así me ha pasado con tus ojos, creí ver algo precioso y de gran valor, pero al conocerte, pude comprobar que no eran más que dos vulgares trozos de vidrio sucio, a través de los cuales puedo ver la escoria de persona que hay detrás.

Por primera vez en mucho tiempo, Marie se deshizo en lágrimas, y, ¡qué curioso!, brotaron viscosas... como babas de caracol.

- A nadie le importa lo que piense un mierda como tú, ¡puedo tener a los chicos que quiera! ¡Déjame en paz! - Contestó airada.

Y, en efecto, podía engatusar a los tontos que se propusiera; y no perdió el tiempo. Despechada tras aquellas contundentes calabazas, pronto dio su primer beso, largo, profundo, pegajoso... con un chico algo mayor que conoció en la playa aquella misma noche. El receptor de aquel ósculo murió a la mañana siguiente, pero la chica no le dio mayor importancia. Hasta que volvió a besar a un segundo, y a un tercero, que también fallecieron en extrañas circunstancias al poco tiempo, entre dolores de cabeza, convulsiones, fiebre y vómitos. Marie se creyó presa de alguna extraña maldición... pero bueno, al fin y al cabo, estos chicos estaban mal alimentados, se habrían intoxicado con alguna hamburguesa en mal estado o con alguna salsa del chiringuito, o quizá tanto esnifar pegamento les había pasado factura (ésta era la versión con la que más le gustaba especular).

- Sí, sí, ¡te lo juro!, Tony se pasaba la noche esnifando de un botecito y no se qué más cosas que yo no conozco, pastillas y algo así como polvos blancos que se metía por la nariz... Estaba siempre colgado, no me extraña que tanto él como sus amigos murieran así.

Hacia el otoño, Marie empezó a experimentar cambios en su cuerpo, cambios propios de la adolescencia. Le crecieron los pechos, que ya no asomaban tímidamente entre las apreturas de las camisetas como dos casquitos de albaricoque, sino que se erigían amenazantes, apropiándose de un tamaño considerable y desafiando toda ley de gravedad. También le empezó a salir vello, en el pubis, en las axilas, en las piernas... en los muslos, en los brazos y antebrazos, en la espalda... Aquello parecía demasiado desarrollo, o demasiado vello, para una niña de tan sólo catorce años, y sus padres la llevaron al médico pensando que podría padecer cierto hirsutismo a causa de algún desarreglo hormonal, pero en la consulta y los análisis no se apreció nada anormal.
Aunque Marie era muy cuidadosa y pulcra con el asunto de la depilación, tuvo que soportar día sí, día no, las burlas de sus compañeros de clase, pues el vello cada vez crecía más rápido, y aunque se hubiera afeitado a primera hora de la mañana, por la tarde ya empezaban a asomar pequeños pelillos negros en las patillas, en los brazos, en los muslos…. Así que tuvo que optar por llevar siempre manga larga, cuello de cisne y pantalones, pasando un invierno aceptable. Pero con la llegada del buen tiempo y del calor, la ropa le producía picores insoportables.
En su primer día con falda, alguien le lanzó por detrás una maquinilla de afeitar, seguido de un montón de risas ahogadas. Marie se giró hacia ellos, caminando con paso decidido, pero salieron corriendo, y a la primera chica que agarró, le clavó con saña un bolígrafo en el ojo. La muchacha se arrodilló en el suelo, entre sobrecogedores gritos de dolor. Tenía el rostro, las manos y la camiseta llenas de sangre, y Marie, en un alarde de piedad, corrió a buscar un pañuelo para limpiarla. Pero lo que le trajo no era un pañuelo, sino un trapo sucio, un auténtico criadero de gérmenes que había encontrado en el cubo de basura de la señora de la limpieza.
La herida se le infectó y no pudieron salvar el ojo.
Marie celebró aquel macabro suceso. Ahora nadie se atrevería a meterse con ella. Ahora todos le tendrían respeto...

Una mañana, Marie empezó a encontrarse mal, sentía un hormigueo recorriéndole los brazos y las piernas, y en el desayuno presentó un aspecto tan desaliñado y extraño que hasta preocupó a su madre.

- ¿Qué te pasa esta mañana? Tienes los ojos oscuros, vidriosos. Deberías quitarte esos postizos de los ojos, cada vez son más exagerados, te tienen que hacer daño a la vista, y además te hacen parecer mayor.

- ¿Y qué pasa? Son mis ojos y hago con ellos lo que quiero. ¿Acaso te digo yo lo que tienes que hacer con esa masa informe y fofa que tienes por trasero? Mejor deja de engullir como una cerda, y deja a los demás tranquilos con tus consejos baratos de ama de casa aburrida. ¡Eres taaan odiosa...!

Dio un bocado a la tostada y salió corriendo de la casa, dejando a su madre absolutamente consternada. En efecto, Marie estaba sufriendo a marchas forzadas cambios en su cuerpo... y en su carácter, cambios que todo el mundo achacaba a la pubertad, pero pronto pudo descubrir que no era así.
A mitad de camino, decidió que esa mañana no iba a ir al instituto... No, mejor pasearía por el parque y escribiría notas anónimas con palabras atroces, propias de un perturbado, para asustar a alguna de sus compañeras.
Durante el paseo, una sensación muy desagradable la paralizó... Empezó a sentir cómo se encogía, se le encorvaba la espalda y se hacía ligeramente más pequeña. Se sintió paralizada por un intenso picor, el vello le crecía a gran velocidad, ¡las pestañas se movían solas! Y entonces, presa del terror, lo entendió todo, todo sobre aquella paulatina transformación que ahora llegaba a su momento culmen a una velocidad pasmosa, porque, al fin y al cabo, ella fabricó sus propias pestañas postizas a base de patitas de araña de varios tamaños, arrancándoselas en vida...
¡Ella misma se estaba convirtiendo en un peludo y repugnante arácnido!

- ¡Ey! ¿Qué demonios es eso? - Exclamó alguien a lo lejos.

- ¡Acabemos con ella! ¡Debe ser peligrosa! - Gritó otra voz.

Marie apenas tuvo tiempo de reaccionar, cuando una pandilla de chicos, armados con palos y piedras, se abalanzaron sobre su cada vez más pequeño cuerpo, golpeándola con furia, y pinchándola en el abdomen y la cabeza hasta dejarla desangrándose.

- ¿Crees que ya estará muerta? Parece que se mueve un poco... ¡qué asco!

- Está agonizando, se le salen las tripas y tiene media cabeza suelta, no sobrevivirá; pero no podemos dejar esta porquería aquí. Acércate a tu casa y trae una pala, ¡vamos a enterrarla viva!
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uncomfortable uncomfortable
* * *
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Alex era un niño bueno y obediente. Estudiaba mucho y siempre hacía caso a sus padres. Tenía once años.

Un día, camino del colegio, vio a una anciana mirando con ansiedad la corriente de automóviles que pasaba por la calzada. Hizo lo que debía hacer: le señaló un paso subterráneo cercano, por el que podía cruzar sin riesgos, y siguió su camino.

Pilar estaba preocupada porque había dejado a su nieto solo, dormido, mientras iba a comprarle pañales. Sus padres se lo habían dejado un par de días mientras se presentaban a unas oposiciones en la otra punta del país; era lo que debían hacer para que su hijo tuviera la vida más cómoda posible, sin privarse de nada. Había intentado localizar a alguna vecina para que le echara un ojo, pero todas estaban en la reunión de una asociación que mandaba ropa a los niños pobres. Empezó a bajar con rapidez las escaleras del paso subterráneo. En el tercer escalón resbaló y cayó. Se rompió la cadera derecha y perdió el conocimiento.

El pequeño David despertó una hora después. Su llanto inicial se cortó cuando se dio cuenta de que no estaba en su casa. Se dispuso a explorar y, con un poco de esfuerzo, bajó de la cuna. Pero aquí la cuna no estaba junto a la cama. Al caer se golpeó en la fontanela.

Pilar recuperó el conocimiento a las once de la mañana. Al borde de la histeria, llamó a una de sus amigas, que ya había vuelto, para que fuera a ver al niño. No cortó la llamada, así que pudo oír de primera mano los gritos de su vecina al ver la escena. El ataque al corazón fue fulminante.

Jorge y Sandra se habían peleado el día anterior. Era por la tensión del examen. Ahora Sandra estaba segura de que había suspendido, y se encontraba en un pésimo estado de ánimo. Fue entonces cuando la avisaron. Tras enterarse de lo fundamental, cortó la llamada, con expresión ausente. Mientras iba hacia la ventana de la pensión en que se alojaban, pensó que ayer, sólo ayer, había tenido un hijo, un marido y una madre. Era un sexto piso.

A Jorge el examen le había ido fenomenal, y estaba a punto de explotar de alegría. Incluso había olvidado la discusión de ayer con Sandra. Encontrarla frente a la pensión en el centro de un charco de sangre se lo recordó. El cuerpo había amortiguado la caída del móvil, que, milagrosamente, seguía sonando. Como en un sueño, Jorge cogió el teléfono, y supuso rápidamente los motivos del suicidio. Riéndose a carcajadas, entró en el edificio, se dirigió a la cocina y se abrió las venas de la mano izquierda. El borbotar de la sangre se acompasaba con sus carcajadas, componiendo un macabro minuet.

Para entonces, Alex volvía a casa.

Esa noche lo despertó el chirriar de la puerta de su cuarto. Vio como entraban en procesión una anciana extremadamente pálida, una mujer de mediana edad con la espalda y el cuello retorcidas de forma imposible y con su hijo, con la cabeza deformada, en brazos, y un hombre de la misma edad de cuya muñeca aún salía un surtidor de sangre. La anciana le contó la historia. Al acabar, afirmó:

- Alex, has matado a mi familia.

El niño, debatiéndose entre el horror y el terror, respondió:

- Pero... ¿Qué podría haber hecho yo? ¿Cómo puedo hacer el bien?

- ¿Crees que si supiéramos eso estaríamos muertos? Sólo hemos venido aquí para descargar nuestras culpas en ti, porque eres el eslabón más indefenso de la cadena.

Alex era un niño bueno y obediente. Estudiaba mucho y siempre hacía caso a sus padres. Por lo tanto, murió a los once años, tras asesinar a cuatro personas.
Current mood:
nauseated nauseated
* * *
Olvidaste tus bragas sobre el lavabo,
junto al grifo que me llora a borbotones;
allí reposan sin el menor afán de movimiento
tus azuladas bragas,
y así permanecerán (conociéndome)
el tiempo necesario,
hasta que decidas regresar y llevártelas.

Me agacho a escupir el agua espumosa
- "Sensation whitening" anti sarro -
y cada mañana me dicen lo mismo:
en la goma de tus bragas
está escrito en pequeño,
como un bucle perimetral
"I LOVE YOU I LOVE YOU I LOVE YOU I LOVE YOU I LOVE YOU..."

Te las olvidaste, pero sé
que aunque el emisario no hubiese sido tu ropa interior
tú tampoco habrías escogido un mensaje distinto.


P.S.: Poema más bien tirando a vulgar y facilón inspirado por una canción punk ("...yo soñaba con tus bragaaas...") y mucha resaca acumulada. Todos tenemos derecho a nuestros momentos de declive creativo, U_U.
Current mood:
contemplative contemplative
* * *
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Cada uno podría, un día cualquiera, levantarse. "Buenos días por la mañana".
Podría tomar café, ver las noticias. "Ochenta muertos".
Regar las petunias. Si es que no riega sus plantas por la noche.
Puedes echar el polvete mañanero. "Oh, sí".
Ir a un trabajo de mierda o a uno maravilloso, hacer horas.
En clase. "Señorita, por favor, guarde silencio".
La oficina.
Mirando al Cielo.
Limpiando las letrinas de un bar.
En la cola del supermercado. "¿Nadie tiene cambio de cincuenta?".
Tomar copas, vomitarlas. Acompañarse del humo para no estar solo con uno mismo.
Acompañarse de las horas y de los minutos.
En el autobús. Metro. Coche. "Usemos el transporte público para no destruir el planeta".
Escuchar música. "You all lower me. Christ's shine blinds your world. Your belief is scars".
Dormir. "Los sueños son estúpidos y su absurdez me asusta". Soñar. "No quiero dormir, me niego a tener esa pesadilla de nuevo".
Sopesar grados de realidad entre sueño y vigilia.
Volver a despertarse, agotado.

Es preferible ser consciente de que se está perdido a caminar y caminar creyendo que se va a alguna parte, sobre todo cuando resulta que el camino que recorremos tan sólo nos lleva a darnos de bruces contra el muro de turno.
Current mood:
frustrated frustrated
* * *
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El Monstruo que nunca calla, pero que vive en una narcosis casi perpétua, me ha despertado esta mañana. Estaba hambriento. Me ha dado dos suaves cabezazos y ha musitado mi nombre un par de veces.
Le he ignorado, tenía sueño. Ayer ya lo había intentado, pero sus exigencias empiezan a exasperarme.

Nacimos el mismo día, en una clínica al sur de la provincia. Con el cordón umbilical estrangulándonos a los dos por igual, y tras tomarnos la delicadeza de tardar tres días en nacer.
Cuando era pequeña me decía que no debía dormir. Y yo pasaba largas noches en vela, leyendo, jugando o mirando hacia la nada.
A medida que yo iba creciendo, él lo hacía también. Ahora se ha convertido en una enorme bestia de ojos glaucos y pelaje negro que canta como un pájaro, mata como un león y llora de emoción ante cosas que nadie más entiende. Y yo, sin llegar a entenderlas, he llorado también.
Se enfada con la misma facilidad con la que se entusiasma. Su furia es temible. Es muy caprichoso y a veces cometo el error de escucharle, pese a que sé que sigue siendo un cachorro. Y me dejo llevar por derroteros que no me convienen, embelesada por sus ideas. Entonces me exaspero más aún, y le golpeo. Pero me arrepiento en seguida, cuando se pone a bramar y yo me descubro a mí misma sangrando.
Ha tratado de matarme un par de veces, el muy cabrón. Cuando intenta cosas así, luego desaparece durante meses. Aunque tras la última vez ha abandonado esta idea.
Últimamente se siente ignorado. Tiempo ha que no toma el control de la situación. Así que aprovecha cuando estoy entre el sueño y la vigilia para acercarse a mí.
Desde que me mudé a esta habitación, él ha hallado un lugar al lado de la cama perfecto para él. Se queda ahí atesorando mis recuerdos, y dicha labor parece gustarle. El Monstruo nunca olvida, y es por eso que me ha enseñado a odiar. Hay que tener mucha memoria para saber odiar. Guarda burbujas de odio junto a mis recuerdos y se duerme sobre ambas cosas ronroneando cuando cae la noche. Es por eso que a menudo duermo en casas ajenas.
No hace mucho también ha aprendido a escribir. Le he sorprendido escribiendo en este blog más de una vez.
Pero es bastante cobarde, así que tras una o dos reprimendas retorna junto a la cama con el rabo entre las piernas. Aunque estoy planteándome dejarle escribir. No comete casi faltas de ortografía (a no ser, claro, que haya bebido: le encanta el vodka), y parece ser que tiene un par de lectores incondicionales. También le encanta fumar porros, es un cachorro vicioso. No me quiero imaginar cómo será cuando crezca. Así que no le dejo fumar. Se pone insoportable.

Esta mañana, el Monstruo me ha despertado. Ha hundido sus garras en mi frente y me ha contado un cuento muy triste. Muy, muy triste. Con tintes de realidad y otros tantos de pesimismo exagerado. Se ha metido en mis sueños y me ha hablado de muertos, de rabia, de recuerdos.
Por eso hoy estoy un tanto melancólica. Él, en cambio, me está sonriendo. Está sentado detrás de mí mientras escribo esto, y me pide que cambie la música. ¡Le gusta el hardcore!
No se puede imaginar que estoy planeando matarle de inanición. Y lo sentiré mucho. Hemos vivido siempre juntos, desde el día en que sobrevivimos al parto.
Current mood:
lazy lazy
* * *

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